Ladrón de identidad

Este foro sirve para comentar y anunciar las búsquedas guiadas.

Ladrón de identidad

Notapor Vhabdalar » Mar, 10 Abr 2012, 23:44

En tiempos de calma, sucesos aparentemente invisibles, cobran forma en la actual y conocida ciudad de Ephesus.

Miembros que formaron una escaramuza inicialmente como recolecta de información, despertaron o se interpusieron en el camino de los que romperían la calma de la que hacía tiempo gozaba la ciudad. Varias partes forman estos sucesos, varios miembros, pero que misterios ocultan estos sucesos en los que Valazard, el pequeño aventurero, parece sufrir en primera persona? Poco es sabido, poca lógica y coherencia existe para él y para quien escuche sus razonamientos y excusas, que un arrebato de romper contra su habitual serenidad y desinterés hacia la rebeldía.

Valazard se ha convertido en un pillastre, un vulgar ratero, un muchacho que parece buscar problemas y robar a los ciudadanos la paz de la que disfrutaban desde hacía algún tiempo.

La razón de sus actos no tiene justificación alguna. La palabra de los testigos que han presenciado sus actos sin atender a razones ni formas como había sido en el pasado, es lo único real del asunto.

En los recientes informes, se comienza a tener en sobre aviso por cada paso que Valazard pueda dar en la ciudad, mientras en su mente rondan pensamientos englobando un estado irrevocable de confusión.


( Que diablos me está ocurriendo..soy yo? alguien quiere hacerme ganar la reputación que no deseo..o estoy perdiendo el control sobre mis actos..mi memoria?...)

Todo acto, toda vivencia, es más cercana a ser un sueño, una pesadilla, que no un mero día en la vida de Valazard. Todo comenzó con el anuncio del reclamo de un viejo conocido en la vida pasada del pequeño aventurero. Endiku, el que fue el guía en días pasados de la compañía que exploró lo que parecía la tumba de un ser olvidado por la mente humana, buscaba de nuevo la valentía de osados aventureros en lo que inicialmente parecía ser, aunque intrigante, una misión al alcance de una cierta "veteranía" aventurera.

Endiku en su arrogante e impulsiva actitud mercenaria hacia las formas sinceras e insensibles de hablar, cuestionaba, juzgaba y cualificaba a Valazard como al muchacho frágil e impulsivo que lo caracterizaban visiblemente. Valazard entendía sus formas, su apariencia no justificaba el alcance de su experiencia como aventurero. Siendo consciente de ello, el muchacho entendió que debía adoptar la posición de la apariencia que mostraba al mundo, dando a entender que podría acompañarlos como escudero, portador de vendas u otros útiles para el camino. Estaba seguro que su tarea no terminaría ahí, y que de ser necesaria, podría aportar más ayuda que la mostrada en un inicio con cierta interpretación que tan bien ocultaba con su aspecto de infante.

El camino hacia la zona montañosa cercana a Luthoria y no muy distanciada de Atrienza, transcurrió con calma. Valazard había frecuentado ese mismo camino en repetidas ocasiones por razones de acrecentar su experiencia en el oficio de la minería, así que supo orientar al grupo para evadir posibles asedios. Llegaron a la entrada en la que todos los presentes se detuvieron, esperando ver que Endiku tomase la iniciativa. Quizá no todos los miembros pero sí algunos de ellos, observaban a Endiku con actitud curiosa de ver más allá de su apariencia de mercenario, intentando ver señales de sus motivaciones o algún detalle que lo declarase como natural de unas formas u otras. Pero no verían más que al mercenario que los hizo llamar.

Las motivaciones, por contra, de los aventureros que formaban la compañía parecía ser tan diversa como eran las diferencias entre ellos en cuanto a sendas. Endiku se interesó, por mantener algún tipo de conversación o quizá por que le interesara, por las habilidades de cada uno. Sanador, arcana y un aparente escudero, formaban el grupo de aventureros.

Valazard ardía en ansia de sincerarse sobre sus verdaderas habilidades, pues Therlock era el sanador del grupo y Zafiria la arcana, ambos conocedores del pasado y la verdadera identidad del muchacho. Pero su habitual temple lo mantuvo esquivo y calmado. Intentó mantenerse sereno hasta el momento en que un combate le obligó a defenderse con la espada de su cinto, la cual pasó a sustituir la honda que le había servido como adorno de su inicial interpretación como escudero del grupo. El combate despertó la exclamación y fijación de Endiku ante la forma de combatir del chico, lejos de ser propia de alguien de su edad. Valazard no pudo mantener su calma y de forma imperativa se dirigió al supuesto mercenario expresando su molestia ante los gestos, palabras y demás formas de juzgarle que había tenido hacia él, comparándole indirectamente con el resto de muchachos que hasta la fecha había visto.

La disputa no duró demasiado, pues el chico desistió cuando creyó oportuno pues su postura había sido expuesta hasta donde debiera para no volver a ser juzgado. Tanto él, como Endiku y Zafiria, comenzaron a sentir un mareo repentino que hizo de sus cuerpos algo liviano y frágil, sensibles a una mera corriente de aire. Sus cuerpos cayeron de forma inherte en el suelo pedregoso del lugar. Todos menos Therlock que no sintió ni el más mínimo cambio en sí, todo lo contrario que el resto de miembros los cuales ya se encontraban en el suelo inconscientes.

Therlock, observó al grupo, vió como caían y perplejo con la insensibilidad que lo acompañaba, se aproximó a ellos siendo Valazard el que estaba más próximo a él, fue en quien prestó su atención. Lo llamó, le asestó leves patadas a modo de comprobar si éste respondía pero el chico, al igual que Endiku y Zafiria, no daban señales de responder en ninguno de los intentos de Therlock.

En el silencio de la caverna, una inesperada visita les salió al paso. Unos seres, con vestimentas algo semejante a ser distintivos jerárquicos entre los suyos o meramente sus formas de vestir rozando la nobleza, una pareja de Azotamentes se presentaron ante Therlock. Cauto y astuto, Therlock intentó dialogar con uno de los seres, evitó movimientos que pudieran sugerir hostilidad e intercambió palabras de cortesía. Pero estos seres no hablaban el mismo idioma que el sanador, o no querían mostrar que lo conocían y Therlock que tan sólo tenía su atención sobre uno de ellos, el segundo aprovechó su ubicación de flanqueo ganándole la espalda al sacerdote, para asestarle un certero golpe con una piedra en su cabeza, haciéndole caer inconsciente.

Lo que ocurrió después es un misterio, pues para Zafiria, Therlock y el propio Endiku, Valazard había desaparecido. El muchacho aparecería días después en el pantano cercano a Ithaca, sin heridas, sin faltarle ninguno de los objetos que tenía entre sus pertenencias que él recordase y una imagen en su cabeza, el momento en el que cayó inconsciente en la caverna.

A partir de entonces, empezaron los extraños sucesos, las acusaciones hacia el muchacho, las lagunas en su memoria. Todo es confuso en su día a día y a medida que pasan, el esfuerzo de averiguar que es real o ficticio se hace cada vez más difícil.
Sus días comienzan a ser una agonía de desesperación por no disponer del control que requiere esta confusa situación. Cree verse a sí mismo caminar por la ciudad, persigue sombras que no existen y rastros que posiblemente sean sus propias huellas. La línea que separa la locura de la cordura se torna muy delgada y ello lo consume, lo abate.

Lizz, una vieja amistad de su vida como muchacho en la ciudad, ha sido su salvación para no perder la poca cordura que le resta. Ahora su liberación depende de encontrar al resto de miembros de la escaramuza y así averiguar todos los detalles de lo ocurrido en la caverna. La confusión es tal que evalúa incluso encerrarse hasta encontrar a Zafiria, Therlock o Endiku. Siente que pierde el control, que será lo próximo? Acabar con alguna vida, ofrecer el baño de sangre que desearía poder evitar en Ephesus? Los días se vuelven oscuros, confusos, impidiendo que todo atisbo de lucidez sea alcanzado por su mente.

Cada paso debe ser medido, meticulosamente estudiado, si se encerrase voluntariamente se evitarían sus supuestos e involuntarios actos de rebeldía? O éstos seguirían sucediendo? Si es así, existe un segundo ser idéntico a él que le esté promocionando con la reputación de alguien afín al caos? Nunca una guerra o el combate más sangriento, habían abatido de forma tan letal al pequeño Valazard y en su vida pasada, al caballero bendecido por Cattiva.
Avatar de Usuario
Vhabdalar
Maestro forista
Maestro forista
 
Mensajes: 448
Registrado: Sab, 11 Sep 2010, 12:53
Personajes: Vhabdalar
Nahanzsadsh
Arkham Balinor
Saix
Vargalys

Re: Ladrón de identidad

Notapor Vhabdalar » Dom, 15 Abr 2012, 07:20

Los días transcurren sin cambio aparente. Bueno tal vez para Valazard, si éste decide mantenerse cautivo en su propiedad sin salir de ésta, más que para abrirle la puerta a Lobo y sin él llegar a poner un pie fuera de su hogar. Debe poner fin a esta locura, su alma se lo exige, su exasperación por sentirse acorralado entre cuatro paredes se lo aclama con ansia, <<ésto debe terminar>> repite para sí a cada segundo transcurrido, pero no lo logrará en soledad, debe encontrar a aquellos que compartieron un viaje con él y siendo así, toma la iniciativa en su búsqueda de dichos miembros.

El destino debería quererlo o tal vez la fortuna le ha sonreído, pero tras una salida obligada a respirar aire puro fuera de los muros de Ephesus, un portal lo trae de vuelta a la ciudad. Sorpresa la suya cuando nada más atravesar el portal, Zafiria es la primera persona que le sale al paso. Su pulso se acelera y el ansia lo domina impulsándolo a ir hasta ella, estando también presente de quien principalmente recibiría ayuda, la Azurakita y arcana, Lizz.
La inquietud de quererle exponer todas sus dudas y resumir todo lo pasado, nubla su lucidez para expresarse y opta por querer tratar el asunto en privado. La pequeña y experta arcana acepta proponiendo su hogar como lugar al que dirigirse, el trío presente.

Una torre, pudiera ser catalogada como mansión, es el hogar en el que reside la gnoma y vieja amistad forjada en un pasado ya muy lejano con Valazard. Tratarían el asunto con lujo de detalles, exponiendo sus opiniones tanto el perjudicado protagonista, la experiencia arcana de la gnoma y las aportaciones de la sincera hechicera Azurakita, en una conversación en la que inicialmente no sacarían demasiado en claro.
Tratando de buscar una solución, buscarían todas las hipótesis posibles hasta el punto en el que alguien entraría en escena con cierto cáliz detonante en el asunto. Se unió al grupo, aportando su más que experta y pasada vida, quien fuese el maestro de la gnoma, Magnus Sinister.

Tras unirse Magnus Sinister, se relataron los sucesos que precedieron al desfallecimiento de Endiku, Zafiria y Valazard. Sucesos los cuales, sólo Therlock pudo vivir con plena consciencia hasta que ésta la fue arrebatada por un severo golpe. Azotamentes. Criaturas de un mundo lejano a la superficie fueron nombrados en la conversación, la cual pupila y maestro se encargaron de definir tanto en concepto como en aptitudes y actitudes tenían dichas criaturas.
De dicha explicación pudo averiguarse una verdad devastadoramente aclaratoria. Eran criaturas manipuladoras de la mente. Un vendaval de lucidez, por fin, iluminaba la oscuridad tormentosa de Valazard. Lucidez que escondería una segunda y posible verdad que atraería oscuridad de nuevo hacia él.

De alguna forma, cabía la posibilidad que hubieran secuestrado al Valazard original. Original? Se barajó la posibilidad que estos seres, podían haber sido capaces, no tan sólo de controlar la mente de Valazard si no de crear copias de éste con diferentes formas de actuar. Podía ser verdad, que en sucesos anteriores podía haberse visto a sí mismo en la ciudad. Pero era tan increíble como increíble podía ser que él mismo, fuese una de esas copias. Información la cual hundió, si es que quedaba algo por abatir, su voluntad hasta la fecha casi imperturbable.

El grupo decidió tomar cartas en el asunto y por conformidad de todos los miembros, decidieron refugiarse en la posibilidad de clamar la ayuda de su incondicional bendición Cattivana. Como bien aportó la gnoma, a pesar de su ateísmo, si alguien podría ver si Valazard era o no una de las copias, debía ser quien había escuchado sus plegarias desde que entró a formar parte de la facción Cattivana.

Decididos, salieron del hogar de la gnoma. Al estar fuera del recinto propiedad de Zafiria, una mirada hostigadora les esperaría nada más salir. Parecía que nada más podría superar lo increíble del asunto cuando de repente, un espejo parecía instalarse ante los ojos de Valazard. Realmente existía, no era fruto de su cansada imaginación, ante ellos había a imagen y semejanza, una perfecta réplica física del joven aventurero. Tanto Zafiria como Lizz no daban crédito, menos aún Valazard pero éste satisfacía una duda que lo había atormentado desde anteriores sucesos sin respuesta.
Lucharon verbalmente por hacerse con la originalidad de uno sobre el otro. El furor del intercambio de razonamientos presos y sensibles a un nerviosismo latente, fue en aumento. La conversación ganó tensión convirtiéndose en discusión, evolucionando después a disputa y terminando con un arma en manos de una de las dos réplicas, o sería en las del original? Dicha acción provocó que el segundo también blandiera su arma, pero al hacerlo el segundo, el primero se amedrentó o sencillamente quiso eludir el posible combate. Envainó su arma desnuda y se dispuso a emprender una fuga a la carrera. Zafiria adivinó y se anticipó al movimiento conjurando sobre el que parecía ser la réplica, pero éste milagrosamente pudo esquivar lo que parecía un conjuro de esclavitud por así decirlo. El que hasta la fecha, era el Valazard original, observó atónito como su réplica proseguía en su carrera tras el épico movimiento al esquivar con una facilidad asombrosa, lo que supuso era un conjuro poderoso por venir de Zafiria. En un desesperado movimiento por no dejar escapar a quien le ofrecería muchas respuestas, cogió su honda sin munición alguna y haciéndola girar como si estuviera cargada con una bala, la lanzó a las piernas del que parecía ser el impostor. El segundo Valazard parecía estar muy por encima de toda hostilidad que pudieran ofrecerle y también esquivó el disparo con agilidad y gracia felina.
Pudo entonces, finalmente, seguir su fulminante fuga hacia la plaza central de Ephesus. El Valazard original, tras recoger a toda prisa su honda, salió despedido como alma perseguida por un demonio tras él, al igual que el resto del grupo. Llegando a lo que parecía su destino, la aparente réplica impactó con un muro con apariencia de conocido mercenario haciéndolo caer estrepitosamente. El Valazard original perdió de vista a la réplica, centrando abatido a quien aturdido, yacía en el suelo cercano a la plaza mientras se ponía en pie con la ayuda de Lizz.

Endiku, otro de los miembros de quien esperaba recibir información de todo este misterio, era el muro con quien la réplica había impactado y tras lo cual había aprovechado para escabullirse de sus captores. Endiku, inconsciente ante la verdad que les fue revelada sobre las réplicas, echó la culpa del golpe al supuesto Valazard original. Acusación que sirvió para aclararle la información de la que eran portadores y que él desconocía. Tras el incidente con la réplica, las explicaciones de Endiku y todo lo acumulado del asunto, hicieron dudar a Zafiria sobre varios aspectos. El que hasta ese momento era el Valazard original no se tratara de una réplica más, que Endiku conspirase a favor de las criaturas manipuladoras de mentes o si el supuesto Valazard había mentido todo este tiempo y realmente tuviera planes en todo el misterio. Lo que le haría pensar así fue que Endiku, quiso hablar en privado con el que todos creían que era el Valazard original pero sembraba ya la duda en muchas mentes.

Valazard, o el que todos creían que era el original, se encargaría de transmitirle tanto a Zafiria como a Lizz un mensaje de calma sobre las intenciones de Endiku, pues éste mandaría una desconocida ayuda para dar apoyo al perjudicado en todo el asunto. Lo haría con una condición que además sería consejo para Valazard y era que debía ser un tema con total discreción, detalle que se encargaría de hacer llegar a Zafiria y a Lizz.

Todo debía quedar entre los pocos conocedores del asunto. Valazard sería informado poco después que otra sabría de las lagunas en su memoria y la falta de control en sus supuestos actos, Kunrajie la mujer gata, habría intervenido como apoyo para el chico. La discreción podría bien ser, lo que mantendría al supuesto y original Valazard, cautelosamente sano y a salvo...o no.
Avatar de Usuario
Vhabdalar
Maestro forista
Maestro forista
 
Mensajes: 448
Registrado: Sab, 11 Sep 2010, 12:53
Personajes: Vhabdalar
Nahanzsadsh
Arkham Balinor
Saix
Vargalys

Re: Ladrón de identidad

Notapor Vhabdalar » Lun, 16 Abr 2012, 17:51

Repiqueteo acompasado de unos cascos recién calzados y el relinchar del mismo corcel portador de los mismos, anunciaban un nuevo día precediendo a todos los demás sonidos que albergaban el despertar en Rústics. Valazard no sentía diferencia alguna a días anteriores, ni recuerdos distintos a todo lo acontecido y creía ser consciente de una vida pasada con todos los sucesos que había vivido...como original, como el verdadero Valazard.
Salió de su residencia, sabía que debía hacer, sabía que debía buscar compañía fuera la que fuera, Lizz, Zafiria, Kunrajie o Magnus, pero no debía vagar en soledad. Si volvía a sufrir una laguna o pérdida del control, que aún no sabían exactamente si un impostor actuaba por él o él mismo era controlado por los Azotamentes, tenía que evitar la soledad pues podría al menos ser frenado por sus acompañantes.

Con dicho pensamiento se disponía a buscar a quienes sabían de su situación. Buscó por la plaza de Ephesus sin querer entrar a ninguno de los establecimientos. Quiso evitar posibles disputas de las que no sabría que papel habrían jugado sus réplicas o quizá él, como marioneta de usurpadores de su mente. Volvería a Rústics, evaluando que quizá sus aliados podían estar reunidos. Podían estudiar alguna estrategia de como ir más allá en el asunto, como militante que era, una impulsiva reacción pensando en posibles alternativas para salir impune en cualquier batalla, disputa o asunto por banal que éste fuese acudía siempre a su mente.

Al fin encontraría a Zafiria y a Lizz en la residencia de la que la Azurakita, tenía acceso como residencia. La primera impresión que se llevaría el atormentado Cattivano, sería un global sentimiento de despreocupación en el que se atendían otros asuntos, no todo se centraba en su tormento como él no podía evitar pensar. Agradecería un momento de ausencia hacia la locura que lo acosaba a cada instante, en cada esquina para abatirle. Zafiria los dejaría poco después al igual que el muchacho al cual le compraría unos pocos nudillos, retomando fugazmente sus anteriores trueques para el oficio de la alquimia.

Lizz fue quien informó a Valazard de la situación de las réplicas aunque sin demasiada novedad. No obstante, habían noticias que atender a ciertos asuntos que como Cattivano es posible que pudiera solventar. Lo que sí se trató del asunto fue la anticipación a la posible actuación de las réplicas en aquellos lugares de una más que vital importancia. Valazard, por su parte, informó a los suyos para evitar que las réplicas pudieran atentar contra su costoso ascenso en Cattiva que tanto esfuerzo le había supuesto alcanzar. Pidió a Lizz que hiciera lo mismo en el templo Azurakita. Si había evitado un derramamiento de sangre durante toda su vida desde que se forjó la tregua entre templos, no iba a dejar que esas réplicas mancharan la reputación de la nueva era Cattivana. Formas y actuaciones que unos pocos donde él formaba parte, querían mantener por siempre. Mientras se encargaba de ello, también solventaría el asunto del que había sido informado de la forma más contundente posible, respecto a nuevos adeptos Cattivanos. Pensó un futuro que bien podría ser o un caos o el inicio de la nueva generación que en su minoría, deseaban para los Cattivanos.

Volvería a la ciudad algo más relajado. Atender a sus obligaciones como Suboficial oculto en cuerpo de infante, le habían aligerado la carga que lo atormentaba. Al llegar a la ciudad un inesperado encuentro le esperaba, Therlock el sanador de la escaramuza y hermano de fe, coincidiría con él en la plaza central. Therlock se dirigiría a él con su habitual apego cínico, propio del que porta una maldad instada sin precedentes, afirmando que aún teniendo dudas, se sorprendería de que estuviese vivo. Intercambiarían pocas palabras cuando un mensajero, totalmente desconocido para Valazard, llamaría su atención para hacerle entrega de un escrito. Compensó al mensajero como éste decía que Valazard le había prometido, salvo por el detalle que Valazard no había visto jamás al mensajero <<de nuevo la maldita réplica>>, pensó.

La carta era concisa, directa, tratándose ésta de la citación de un duelo a muerte. Valazard destrozó la carta en mil pedazos en los que una brisa se encargó de separar y hacerla ilegible. La ira, el alivio y el deseo de atravesar el corazón si es que tenían, de esa réplica, lo invadió. Salió de la ciudad con tensión constante en su mandíbula, decidido a acudir al lugar donde había sido citado. Llegando al lugar, acomodó su escudo, blandió su espada apretando la empuñadura de ésta y gritó aclamando a la réplica que le esperaba, que diera la cara y luchase, ansiando el final del asunto.

Una vez pasada la réplica zafó su honda, pudo eludir un conjuro de Zafiria y esta vez lo flanquearía atacándole por la espalda haciéndolo caer sin posibilidad para combatir. Tan sólo escuchó unas ramas crujir a su espalda y un prominente golpe lo haría caer hacia delante, sufriendo después una presa que lo dejaría inmovilizado en dicha posición y con una espada, una réplica de su espada, fregando mortalmente su cuello.
Intentó convencer al impostor de combatir en ese momento, poner fin a todo, midiendo sus fuerzas. Pero sus persuasiones no resultaban, pues el impostor al igual que el que fuera el original tenían la misma actitud, ambos pensarían que el otro intentaría confundirle.
La fortuna, o quizá porque debiera ser así hizo que el impostor dudase. Cuando el supuesto original relató detalles que sólo él y su esposa Keira sabían, el impostor golpearía al flanqueado Valazard para hacerlo girar boca arriba, pues lo tenía tumbado y apresado con su cara postrada en el suelo del lugar. Al estar tumbado pudiéndolo mirar de frente pero aún con la espada del impostor apuntándole, varias gotas de sangre de ésta cayeron entre el Valazard original y el verdugo de su idéntica apariencia. Cuando momentos antes había fregado la espada contra su cuello, dejaría una señal que provocó un hilo de sangre.

El supuesto Valazard original intentó explicarse viendo la duda en el impostor, y por un instante sintió cierta lástima al ver en el rostro del impostor cierta melancolía como si éste realmente echara de menos aquellos días en los que entregaba su corazón a la que después sería su esposa. <<Y si fuera él el original?>> no sólo el impostor había sufrido dudas, también Valazard, recostado frente a la que parecía su propia espada, pensó que cabía la posibilidad que sus recuerdos no fueran más que una proyección de los Azotamentes para utilizar al original en algún experimento, fuese el que fuese.

En el suelo frente al que, por momentos, empezaba a pensar que igual fuese el original, su mente pensó en un instante rendirse a tanta confusión y permitir ser ejecutado. Momento en el que inesperadamente algo ocurriría para su sorpresa. Cual aparente cuerpo sin vida, su verdugo cayó sin más. Nada lo había golpeado, no tenía heridas pero sin embargo ahí estaba, inherte completamente ante el herido Valazard sin dar señales de vida.
Valazard se puso en pie, puso la mano en su cuello pues la herida que tenía brotaría levemente con una pequeña hemorragia, provocada posiblemente en el esfuerzo de ponerse en pie <<de haber podido, también yo te hubiera rebanado el cuello>>, pensó aún mirando el cuerpo de su verdugo con cierto apego.

No había sido fruto de la fortuna, nada tuvo que ver el destino, sí en cambio un sujeto entró en escena. Un elfo con túnica aparentemente afín a lo que arcanos solían portar, caminó hasta él. Valazard lo observó, examinó que no mostraba más que interés en ver como se encontraba. Se relajó y lo miró sin conocerlo en un primer momento. Resultó ser el arcano quien había abatido al que hubiera sido su verdugo, acto que Valazard agradeció. El arcano resultó ser un antiguo conocido, Parecalsus. Para su sorpresa, se trataba de la ayuda que Endiku le había prometido. Concepto que se quedó muy corto pues más que ayuda le había salvado la vida. El arcano cargó con el cuerpo del Valazard ileso e inconsciente y le dijo al supuesto original, como éste le había pedido, que le informaría al respecto. Valazard, con la herida en su cuello, se dispuso a ir a la ciudad a atenderla pensando que es lo que haría el arcano con su réplica. Esperaba que no sufriera, tan sólo lo mantuviese cautivo para saber más sobre él. Al parecer, con una réplica menos o quizá sin más de éstas, la calma haría entrar al herido Valazard en un agotamiento sin igual. Su cuerpo, su mente, necesitaban descansar...
Avatar de Usuario
Vhabdalar
Maestro forista
Maestro forista
 
Mensajes: 448
Registrado: Sab, 11 Sep 2010, 12:53
Personajes: Vhabdalar
Nahanzsadsh
Arkham Balinor
Saix
Vargalys

Re: Ladrón de identidad

Notapor Vhabdalar » Mié, 25 Abr 2012, 12:49

Era cuestión de tiempo que el verdadero combate, el combate final que pondría a prueba al definitivo Valazard, llegara. Tras su descanso del último encuentro con Parecalsus y al parecer, la única réplica, llegó de nuevo la calma. Los días transcurrían con la esperada tranquilidad del que una vez fue un tiempo de oficios, tiempo de reclutamiento y tiempo, un tiempo longevo el cual le había tocado vivir al Cattivano.

Sus pasos lo llevaban de nuevo al templo, cumpliendo su vida de militante en busca y captura de la nueva era de adeptos. Futuros hermanos que marcasen la diferencia en contra de aquellos que le dieron el mal nombre a los suyos. Nada más abandonar su ciudad de residencia un haz de luz cegaba su serena y acostumbrada visión del pantano cercano a Ithaca. El arcano, Parecalsus, irrumpió sin más con las nuevas de la localización de los Azotamentes, esas criaturas ya tenían paradero y punto al que dirigirse para detener lo que quisiera que tuvieran entre manos. Tras la conversación entre el arcano y el pequeño militante, Valazard se puso en camino a la ciudad de inmediato no sin antes detenerse en el templo. Dejó una nota hacia quien, de sus hermanos activos, tenía más confianza y esperando poderse reunir con ella, partió hacia Ephesus en busca de conocimiento.

Tenía que saber todo lo habido y por haber sobre esas criaturas, que tipo de hostilidad recibiría de éstos y como debía defenderse contra ella. Debía buscar a Lizz, pensó, pues algunos conocimientos debía tener al respecto. Y de no tener los suficientes, siempre podían ponerse en contacto con Zafiria y Magnus, los verdaderos entendidos sobre el arte arcano y posiblemente, quienes ofrecieran la lucidez en este delicado asunto.

Tras ello sólo tendría que esperar que Parecalsus apareciera con la indicación exacta del lugar de dichas criaturas, prepararse con aquellos que acudirían a su llamada y presentar batalla si ésta se diera lugar, contra los Azotamentes. O como menos saber cuales eran sus intenciones. Sería complicado averiguar que intenciones tenían sin combatir, pues el pequeño soldado no permitiría volver a ser manipulado. Pero su curiosidad sería más devastadora que sus ansias de derramar la sangre de los manipuladores de mentes.
Avatar de Usuario
Vhabdalar
Maestro forista
Maestro forista
 
Mensajes: 448
Registrado: Sab, 11 Sep 2010, 12:53
Personajes: Vhabdalar
Nahanzsadsh
Arkham Balinor
Saix
Vargalys

Re: Ladrón de identidad

Notapor Vhabdalar » Jue, 26 Abr 2012, 14:14

La espera se tornaba agónica. No había señales de vida por parte de los miembros que le acompañaron en la escaramuza, así que Valazard, debía asumir con la posibilidad de acudir a la batalla en solitario. Cuando las réplicas lo atormentaban ocasionándole disputas por la ciudad, era tan sencillo como solventar éstas con pagos e interpretaciones que aunque lo ofuscaban, era menos agónico que sencillamente esperar. Pensaba sobre todo lo que Magnus Sinister y Zafiria le habían dicho sobre los Azotamentes. Los pocos conocimientos que Valazard tenía sobre el arte arcano, no eran suficientes. No para presentar batalla contra unos seres que precisamente, el conocimiento era algo a su alcance desde los inicios de su existencia.

Como militante que era, debía cubrir toda posibilidad de salir derrotado con diferentes estrategias. Pero el arte arcano? Que podía hacer él sólo contra la magia de unas poderosas criaturas? Hizo los más oportuno al respecto. Con una notable cantidad de oro y oculto por tal de evitar los combates del camino en calidad de ahorrar esfuerzos y tiempo, partió hacia Elenion. Después de todo, los Avariel disponían de longevidad como para saber sobre las carencias arcanas que preocupaban a Valazard. Como también el arsenal necesario para combatirlas. El camino hacia Elenion fue, como de costumbre en anteriores veces, llevadero y tranquilo. Al llegar al bastión de los Avariel, Valazard pensó en investigar que pergaminos eran los más efectivos contra los Azotamentes. Pero llegar diciendo que quería el armamento necesario para acabar con la vida de tal o cual ser, podría provocarle la reprimenda y subida de los ya altos precios del lugar. Sopesó y pensó en toda la información que sus conocidos y eruditos arcanos de Ephesus le habían facilitado y buscó lo que sencillamente le protegería contra aquello que fuese dirigido hacia su mente. <<Dirigir el efecto de una lectura arcana hacia esas criaturas, puede ser un error pues les daré demasiado tiempo para manipularme>> pensó, así que se hizo con lo que haría cualquier soldado con una buena suma de oro. Adquirió parte de su equipo que lo salvaguardara de tales efectos con tan sólo equipárselo de antemano.

Con su yelmo recién adquirido aunque con cierta desaprobación, estaba preparado para combatir a los Azotamentes. Siempre había pensado que los combates de honor entre guerreros debían ser a rostro descubierto, pero esas criaturas no iban a brindarle dicho placer en combate. Criaturas que no sabían de honor y antes usarían tretas para acortar el combate, que pensar en lo justo y la igualdad entre adversarios.

Con una cierta ventaja al estar protegido contra todo daño que fuese dirigido hacia su mente, o es lo que él pensaba, usaría el portal que lo llevaría de nuevo a su ciudad de residencia. Dejó a Lobo en la ciudad, se armó con la armadura más pesada que guardaba entre sus pertenencias, en la mochila de contención más oculta entre éstas y salió de la ciudad buscando el lugar donde días antes había intercambiado palabras con Parecalsus.
encuentro con Parecalsus.jpg


Pasarían pocos minutos cuando el arcano apareció sin más, con su habitual atuendo y bastón. Hizo llegar a Valazard su ofrecimiento como único aliado al ver que éste tenía la intención de presentar batalla en solitario. El pequeño soldado, no obstante, sujetaría entre sus dedos ya enguantados metálicamente por guanteletes, el amuleto de fe que le aportaría la bendición necesaria para salir impune en esta batalla. Valazard agradecería su ayuda mucho más de lo que nunca hubiera imaginado, pero pensó que su fe sería detonante si el combate se tornaba complicado para él, al enfrentarse a su mayor debilidad, un arcano.

De voluntad férrea y serena actitud, conteniendo sus ansias de acabar con la amenaza, Valazard asentiría levemente a Parecalsus para que éste lo llevara al lugar en el que daría lugar la batalla.
Accediendo al campo de batalla.jpg

Parecalsus estaba consternado, confuso, creía haber dirigido lo que parecía su conjuro de teleportación, hacia el lugar exacto donde estaban las criaturas. Por contra, él y Valazard aparecieron bastante más lejos del lugar donde el arcano sabía que se encontraban. Confeccionaron un pacto al cual el Cattivano accedió, a pesar de asumir que toda batalla siempre cumple con un mínimo de bajas. Parecalsus le ofrecería su ayuda si Valazard evitaba la muerte de los inocentes en lo que parecía iba a ser el aparente resultado. Tras acceder a las palabras del arcano, ambos aliados se separaron para averiguar el oculto paradero de las escurridizas criaturas. Mientras el arcano exploraba el norte de la ciudad, Valazard se encargaría del resto siempre fuera de las miradas hipnotizadas y perdidas de los lugareños.
Esquivando sigilosamente a los títeres de los Azotamentes.jpg


Mientras Valazard lentamente se movia entre los caminantes y aprentemente sin vida, habitantes del lugar, una gran explosión lo zarandeó todo proveniente de la parte donde Parecalsus decidió explorar. Tras dicha explosión, Valazard pudo observar como los lugareños volvían en sí, momento en el que el Cattivano perdería el efecto de las partículas de desaparición y cruzaría su mirada con éstos.
Liberación mental de los aldeanos y disputa moral de Valazard.jpg

<<...Maldita sea Parecalsus, si he de matarlos lo haré...>>
No tiene los permisos requeridos para ver los archivos adjuntos a este mensaje.
Avatar de Usuario
Vhabdalar
Maestro forista
Maestro forista
 
Mensajes: 448
Registrado: Sab, 11 Sep 2010, 12:53
Personajes: Vhabdalar
Nahanzsadsh
Arkham Balinor
Saix
Vargalys

Re: Ladrón de identidad

Notapor Vhabdalar » Jue, 26 Abr 2012, 16:39

La ciudad entera había sido una fortificada acumulación de barricadas, comandada por aquellas infames criaturas y vigilada a la tenue luz de las antorchas por los habitantes que rondaban por todos lados siempre con su mirada perdida. Eran vigías sin emoción alguna, marcando rutas a lo largo y ancho de la ciudad de forma lúgubre. Pero fue un espejismo que cesó al estallar lo que fuera que había ocurrido en la parte más al norte de la ciudad. Valazard vio como los habitantes, ya liberados de la posesión de los Azotamentes, lo observaban entre confusos y aletargados. Valazard los observó pero en plena disposición de su lucidez y al ver que no ofrecían hostilidad, corrió hacia la zona norte, totalmente visible tras la carrera. Su pulso acelerado esperaba ver a Parecalsus conjurando contra los Azotamentes, o sucumbiendo ante éstos.
Visión de Otikel tras la incursión en ella de los Azotamentes.jpg


La visión fue desoladora. Un desierto de restos de una batalla, era lo único que encontró en lugar. Aparentemente destinado para el rezo, ahora eran casi unas ruinas de algo que una vez tuvo vida y que las explosiones dejaron medio derrumbado. Valazard no vio ni a los Azotamentes ni a Parecalsus, tampoco restos de uno u otros. Se temía lo peor, aunque pensó en las palabras que el arcano dijo antes de llevar a cabo su bifurcación a la entrada de la ciudad. << Sigue derecho el sendero hasta cruzar la ciudad, si no los encontramos aquí, búscame a las afueras por dicha zona...>>

Siguió lo planeado y aunque claramente parecía que Parecalsus sí los había encontrado, decidió buscarlo de todas formas aunque fuera para encontrar su cuerpo inherte y tener que hacer frente a los Azotamentes él sólo. Cruzó la ciudad, llegó al claro donde la playa de Otikel abarcaba la mayoría de la visión en el lugar, el puerto hacia el templo de Tienmay y una casa aislada era todo lo que podía ver desde su posición. Buscó pero no halló la continuidad de una supuesta lucha arcana iniciada a sus espaldas. Observó la casa que se alzaba en la colina y pensó que quizá allí, Parecalsus descansaba tras su victoria. Que fue lo que pensó viendo que los aldeanos volvían en sí, tras la explosión y supuesto fin de los Azotamentes.

Accedió al lugar abriendo las puertas de ésta y apeándose durante un instante. Debía prevenir que los Azotamentes o quizá una nueva réplica o más aldeanos manipulados, pudieran ofrecerle hostilidad aprovechando el factor sorpresa. Pero nada le salió al paso, escuchó, aguardó y finalmente decidió entrar pero nada lo atacó de forma furtiva.
Primer encuentro con los Azotamentes y una nueva réplica.jpg


Su pesadilla por fin había cobrado vida y se mostraba ante él. El culpable, el usurpador, el Azotamentes y su maldito títere, tan parecido a él que lo abrumaba tener que blandir su arma contra él. La criatura no parecía mostrar hostilidad en un primer instante, tan sólo lo observaba y con el apego de un señor por su esclavo, palmeaba la espalda del Valazard impostor mientras observaba al original. Le propuso una rendición hablando desde dentro de su mente, intentaba confundir al verdadero Valazard haciendo tambalear su voluntad. Ofreciéndole la oportunidad de evitar el combate, treta que el Cattivano no quiso aceptar. No sin combatir, no sin defender sus recuerdos, los que él creía que eran los reales, quería luchar por la vida que había forjado con esfuerzo, quería sobreponerse a la mente diabólica de aquel ser. No iba a permitir que todo acabara allí, que su debilidad ante lo arcano marcara el punto y final a su vida de Cattivano, a su vida de campeón de los suyos. No, había mucho por hacer, mucho por lo que combatir, su nombre no había pasado a formar parte de los pilares de la historia. Ese momento aún estaba por llegar. Pero sabía que antes de combatir necesitaba pensar, un Azotamentes, su propia réplica y lo más seguro mejorada a la anterior. Era un combate prácticamente imposible. Alzó su espada, acomodó su escudo y en el gesto, el amuleto de fe repiqueteó en su torso metálico. <<..Mi señora..escucha mi petición, hoy, ahora, en estos momentos de dificultad..ofréceme la ayuda necesaria para sobreponerme a ella...>>

En dicho momento la réplica le propinó un mandoble tan potente que su escudo se aproximó inevitablemente contra su torso. Se retrasó un paso hacia atrás e intentó en un giro de su muñeca y dibujando un arco con su espada, intentar enfocar un corte lateral hacia la rodilla que no cubría la réplica, con su escudo. La réplica era tan rápida en cuanto a reflejos que consiguió eludir el golpe, convirtiendo lo que inicialmente tenía intención de cortar su pierna, en un golpe con la parte roma de ésta en la misma rodilla. La réplica se lamentó pues Valazard aportó la fuerza necesaria para disminuir su movilidad en el golpe, aunque la puntería para cortarle la pierna no fuera suficientemente precisa para conseguir el corte.
La réplica parecía ser superior a Valazard muy claramente, pues a pesar de haber mermado sus movimientos, ésta se defendía con notable facilidad de sus embestidas para intentar abatirlo y rematarlo una vez en el suelo. Valazard lo intentaba una y otra vez sin éxito, mientras el Azotamentes los observaba cual estuviera viendo un espectáculo. Valazard entre evasiones y embestidas, impotente clamó a las fuerzas de la oscura, el momento de rendirse involuntariamente estaba próximo y no podía permitir caer ante aquella mejorada réplica de sí mismo.
Su amuleto centelleó y un umbral iluminó la habitación para sorpresa del Azotamentes y la réplica, que no cesaba en combatir contra el Valazard original.

El suelo del lugar se resquebrajó y llamas atravesaron hacia la superficie de éste, siendo a través de las brechas como un ser demoníaco las atravesaba para presentarse ante ellos. El enorme ser observó a la réplica y con ansia comenzó a combatirla mientras Valazard aprovechaba para seguir intentando abatirla. La réplica parecía superar con creces al original y evadía tanto las embestidas del Valazard original como los portentosos y brutales golpes que provenían del ser demoníaco. Hubo un golpe del ser convocado que alcanzó a la réplica, momento en el que Valazard pudo abatirla furtivamente y hacerla caer. Soltó el escudo, cogió la espada con las dos manos y entre las coyunturas de la armadura de su igual, atravesó donde debía estar de existir, su miserable corazón.

Recogió su escudo y salió disparado hacia el Azotamentes. la muerte que había llevado a cabo encendió su sed de más y cegado por la adrenalina se lanzó a provocar su segunda muerte. El ser invocado, alimentado por la maldad del Valazard original, gruñó con un sonido gutural y ardió en llamas para luego abatir al Azotamentes. Pareciese que las ansias de derramar sangre por parte de Valazard hacían poderosa a la criatura demoníaca. El Azotamentes fue abatido y con un grito de Valazard hacia la béstia convocada para detenerla, le propinó él el golpe de grácia al Ladrón de identidad.

El combate había acabado, cuando Valazard escuchó en su mente la invitación para subir a la segunda planta del lugar. La béstia a la que había convocado a penas podría atravesar la puerta para seguirlo, así que aguardó en la primera planta.
No podía creer lo que iba a ver cuando subió las escaleras.
Otro Azotamentes....jpg

Otro Azotamentes le esperaría, éste al parecer más afín en el diálogo que en el combate, aunque por poco tiempo.
Intento confundir a Valazard, nubló la lucidez que parecía haber recobrado poco a poco y prácticamente lo convenció de que todo cuanto recordaba de su pasado había sido obra suya. Esos Azotamentes habían creado todos sus recuerdos? Era posible? Recordó momentos pasados, caricias, alianzas, reproches, toda una vida de altos y bajos que no deseaba pensar como algo falso, algo inventado, algo irreal. El Azotamentes intentaba hacer ver a Valazard que todo era fruto de su invención doblegándolo anímicamente, abatiéndolo sin remedio. Su férrea voluntad, amedrentada por unas pocas palabras, se sentía frágil, débil, hasta que en su mente se escuchó una voz alta y clara. <<...Recuerda quien eres, lo que has vivido, no permitas que pongan en ti dudas que deberías evitar...>>
Fueron palabras que hicieron zarandear el rostro y reaccionar a la proposición que el Azotamentes había preguntado desde dentro de su mente momentos antes:
<<...Puede darte una nueva identidad, una vida nueva, puedo incluso borrar los malos recuerdos y tan sólo hacer que conserves los que desees...que te parece?...>>

Y tras la voz alta y clara en su momento de debilidad, su voz fue escupida con tronante tono hacia el Azotamentes, curioso ante su respuesta.

<<...No..no olvidaré nada de lo vivido, no deseo más vida que la pasada, pues todo lo acontecido me ha hecho ser quien soy...no, no permitiré que tergiverses mi pasado..>>
Sentencia del Azotamentes.jpg


Acto seguido, el Azotamentes provocó a Valazard un estado de paralización que no pudo evitar. Ni yelmo, ni toda la defensa arcana posible pudieron evitarlo, sencillamente no podía mover un músculo. El Azotamentes se acercó a la mesa y luego mirando a Valazard conjuró un hechizo que provocó una enorme esfera de fuego que salió despedida hacia el Cattivano. Impotente y paralizado no tuvo más remedio que abrazar la muerte con todas sus consecuencias sin darle tiempo a pensar, pero sí escuchar un último susurro en su mente atormentada y frustrada ante tan triste final.

<<..No te rindas, no es tu momento..>>
Muerte entre llamas...jpg
No tiene los permisos requeridos para ver los archivos adjuntos a este mensaje.
Avatar de Usuario
Vhabdalar
Maestro forista
Maestro forista
 
Mensajes: 448
Registrado: Sab, 11 Sep 2010, 12:53
Personajes: Vhabdalar
Nahanzsadsh
Arkham Balinor
Saix
Vargalys

Re: Ladrón de identidad

Notapor Vhabdalar » Jue, 26 Abr 2012, 21:52

Y no lo sería, no sería su momento de morir. Abrió los ojos y notó en ese mismo y preciso momento como el fuego era todo cuanto podía ver y percibir. Todo quedó reducido a las incontrolables llamas, que danzaban a su alrededor amenazantes menos en un pequeño espacio fresco ocupado por una oscura túnica familiar para él, ubicada justo delante de donde Valazard estaba.
Parecalsus había obrado como escudo humano del Cattivano. Le había salvado la vida, no siendo el final de su proeza. Ésta no había hecho más que empezar. El arcano con su inconmensurable poder, habría detenido la esfera ardiente con un sencillo gesto de su mano. <<..es temprano para que cierres tus ojos con resignación..>> palabras entonadas del arcano que serían respondidas por el Cattivano con agradecimiento. El Azotamentes, preso de la impotencia no aceptaría la incursión de Parecalsus. Parecía no conocerlo así que Valazard pensó que con quien habría intercambiado el encuentro hostil en Otikel, debía haber sido el primer Azotamentes al que había dado muerte el Cattivano, instantes antes.
El Azotamentes, furioso por ver que el arcano resistía sus poderes, intentó conjurar totalmente colérico. Parecalsus, con un leve gesto de su mano, conjuró una flecha de fuego que impactó en la criatura deteniendo su intento de arremeter nuevamente contra él. Valazard, paralizado, observaba como su vida pendía de un hilo, un hilo de color añil con forma y vestimentas arcanas. Estaba en manos de Parecalsus, que con un segundo gesto y el intercambio de unas palabras que sentenciaban al ser, conjuró nuevamente.
Salvación...jpg

Esta vez no hubo estallido, ni descarga, ni esfera ardiente. Tan sólo el gesto implacable de Parecalsus en dirección al ser que del mismo modo también intentaba conjurar. Parecalsus se detuvo y Valazard pudo ver como recobraba el control de su cuerpo de forma paulatina. Pudo ver como el Azotamentes se ralentizaba y adquiría un tono en todo su ser, semejante al grisáceo de la roca. En cuestión de segundos vería como el ser era a imagen y semejanza una figura de piedra sin vida, sin expresión. Parecalsus habría logrado sentenciar el combate, petrificando a su adversario.
Valazard, dueño de su cuerpo nuevamente, quiso acabar con la criatura una vez petrificada pero Parecalsus intentó y logró serenar su ira pues a resumidas cuentas, el combate había llegado a su fin, no era necesario extenderlo. Valazard comprendió que tenía una enorme carencia, aprender todo lo relacionado con lo arcano, debía ser su meta. Le pidió a Parecalsus si podría mostrarle todos los secretos que se ocultaban en el arte arcano. El carecía del don de conjurar, pero nada le privaba de poder comprender todos y cada unos de los escritos y símbolos que conformaban los conjuros escritos en pergaminos, runas que formaban artilugios usados por los arcanos y todo lo relacionado con éstos.
Éste podía ser el inicio de una nueva etapa para el Cattivano, no obstante, siempre existirían las lagunas de saber si los Azotamentes realmente estaban en lo cierto, si sus recuerdos eran reales o la verdad ciertamente estaba en otro lugar, otro pasado, un camino desconocido totalmente para él...



// Ashura, un muy buen minievento :thumleft: ( como él así lo nombró :lol: ) Gracias por la flexibilidad y la paciencia ^^
No tiene los permisos requeridos para ver los archivos adjuntos a este mensaje.
Avatar de Usuario
Vhabdalar
Maestro forista
Maestro forista
 
Mensajes: 448
Registrado: Sab, 11 Sep 2010, 12:53
Personajes: Vhabdalar
Nahanzsadsh
Arkham Balinor
Saix
Vargalys

Re: Ladrón de identidad

Notapor Ashura » Jue, 26 Abr 2012, 22:21

=D> =D> =D>

Muy currado y las imágenes te han quedado muy lindas.
Ashura
Equipo de desarrollo
Equipo de desarrollo
 
Mensajes: 438
Imágenes: 6
Registrado: Sab, 27 Jun 2009, 20:56
Personajes: Ashura

Re: Ladrón de identidad

Notapor snoozed » Vie, 27 Abr 2012, 11:51

=D> =D> =D> Fantastico =D> =D> =D> muy buena la narracion , :D envidia ++ por la tunica de Pare :D
Avatar de Usuario
snoozed
Forista de oro
Forista de oro
 
Mensajes: 253
Imágenes: 0
Registrado: Mar, 21 Jul 2009, 17:10
Personajes: Zafiria Aelenther
Reyla Rego

Re: Ladrón de identidad

Notapor Vhabdalar » Vie, 27 Abr 2012, 14:05

Gracias a ambos :P
Acabo de darme cuenta que he puesto dos imágenes idénticas. Pero es que me gustaba el ángulo :lol:
Pues nada, a ver para cuando otra questecilla tan chula, que sí, que he dedicado tiempo a redactarla pero ha quedado así de bien porque la quest en sí ha estado así de bien :thumleft:
Avatar de Usuario
Vhabdalar
Maestro forista
Maestro forista
 
Mensajes: 448
Registrado: Sab, 11 Sep 2010, 12:53
Personajes: Vhabdalar
Nahanzsadsh
Arkham Balinor
Saix
Vargalys

Re: Ladrón de identidad

Notapor erius » Mié, 02 May 2012, 10:15

muy buena narracion, muy currada^^
erius
Novicio
Novicio
 
Mensajes: 2
Registrado: Jue, 05 Abr 2012, 19:26
Personajes: Erius Desten


Volver a Foro de búsquedas guiadas

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado

cron